sábado, 3 de enero de 2009

El cazador oculto


En el vértigo de ayer olvidé un detalle. El cumpleaños noventa de J. D. Salinger. Aún recuerdo su libro consagratorio: El guardián entre el centeno, como reza la tapa fotocopiada (¡oh blasfemia!) que veo ahora mismo (Catcher in the rye, en su título original; El cazador oculto, según otra traducción). Lo leí en la secundaria y es uno de los pocos libros que rescato de aquel entonces, sobreviviente del olvido vengador que ajustició tantos volumenes de intragables españoles del medioevo.

Es el mismo autor a quien Hemingway adjudicó un "talento endiablado" bastante antes de la publicación de este libro que le valió la gloria inmediata. Salinger tenía treinta y dos años, y fue entonces que su inolvidable Holden Caulfield lo empujó a la cima, a los santuarios flamantes con su nombre y efigie donde el mundo le rendía adoración. Pero algo habrá visto allá en lo alto, allá ante las multitudes prosternadas, porque al poco tiempo tomó una decisión todavía indescifrable.

Hacía mucho que no colgaba nada de Vuelta de página, aquel delicioso compendio de crónicas de Jorge Lanata. Alguna vez te conté cómo lo conseguí, en una de esas encantadoras librerías de usados y viejos, lugares que añoro tanto... Estanterías que rebalsan de libros increíbles, irrepetibles... todo a media luz...A veces imagino que así se vería la habitación del mago druida Merlín en Camelot.


"El socio del silencio

Esta es la historia de un hombre que dijo que No. El protagonista de esta historia es un viejo retratado por una cámara del New York Post en Cornish, a la salida del supermercado, con la cara desencajada.
Paul Adao y Steve Conally, los fotógrafos que montaron la guardia y lograron la exclusiva, guardan silencio desde entonces. Desde aquella foto Adao se pudre en el City Desk del Post, cubriendo información municipal, y Conally sobrevive como free-lance.
- Estoy escribiendo la historia de esa foto - dije desde Buenos Aires.
Paul Adao cortó el teléfono.
- City Desk - insistí-. Con Adao, Paul Adao.
El fotógrafo volvió a cortar.
El viejo de la foto, el tipo de la cara desarmada ante el horror del flash, era J. D. Salinger. Y no es su boca la que grita, sino su mirada.
El viejo JD desapareció de los diarios en junio de 1963, cuando el New York Review publicó su último cuento: la historia de Buddy, el hermano menor de Seymour Glass.
¿Cómo pudo decir que No?
¿Cómo pudo, el entonces mayor escritor norteamericano vivo, retirarse a una granja en Cornish?
¿Cómo se va del juego el que acaba de acertar un pleno con diez fichas?
Escribe. Pero no publica.
No escribe. Ya no le sale ni una palabra más.
Publica, pero con seudónimo.
Es monje budista.
Escribe, a veces, pero lo que le sale es muy malo. El New Yorker le rechazó varios cuentos.
Sólo lee novelas policiales.
John Updike le dice "Santo".
JD se transformó en cualquier cosa menos una persona: las personas tienen que decir que Sí.
Las personas asisten con interés a conferencias interminables, sonríen para la revista Life, discuten porcentajes con su agente literario, construyen éxitos y fracasos, y finalmente mueren.
Las personas responden preguntas para la edición nocturna del noticiero nacional:
- ¿Qué opina sobre la Guerra del Golfo?
- ¿Admira a alguno de sus contemporáneos?
- ¿Qué haría Seymour Glass de estar con vida?
- ¿Esa escena de cama era autobiográfica?
- ¿La novela ha muerto?
- ¿El cuento ha muerto?
- ¿Usted ha muerto?
El viejo JD, en Cornish, recorre los límites de su propia trampa: su silencio sólo agrandó el mito y el trabajo de los abogados, que suman demandas contra los medios por "invasión de privacidad", "plagio", "uso de cartas sin autorización".
Nadie conoce las razones del silencio de J.D Salinger. Tal vez hasta él las haya olvidado: a veces las grandes historias nacen de hechos demasiado triviales, pero siempre es tarde para detenerlas.
- Trabajo en una novela - mintió durante años Henry Miller a Mona y a sus acreedores.
- Escribo la mejor novela de no ficción que jamás se haya escrito. Se llamará Plegarias atendidas - dijo Truman Capote cuando firmó el adelanto por el libro que jamás terminó.
- Los que de veras me encantan son aquellos libros que, al terminar de leerlos, nos hacen sentir la necesidad de ser íntimo del autor, y hasta de llamarlo por teléfono y todo - escribió JD en el comienzo de El cazador oculto.
Ahora cumplió 72 años y cualquiera puede imaginarlo quemando cada rastro, cada carta; sembrando pistas falsas, mudándose de granja y supermercado, odiando para siempre aquella tontería por la que escapó, ahora casi tan grande como él mismo."



6 comentarios:

Anónimo dijo...

hay un poema portugues que dice: navegar e preciso" el cual explica que para los navegantes no es necesario vivir, es necesario navegar. vivir es secundario, Para Salinguer, imagino que esciribir es necesario, no publicar.
"The catcher in the rye" es un libro perfecto. inmejorable.
En el primer disco de cranberries, "Everybody else is doing that..." asoma su primer single y exito, "Linger", son cuatro notas y cuatro notas mas, luego sacaron 4 o 5 discos con suerte despareja, El asunto es que ninguna otra cancion segun mi parecer, logra esa rendondez y simpleza. toda la obra posterior podria tranquilamente no existir. "Linger" es "el cazador oculto" de cranberries. Un libro para retirarse del mundo.
O quizas simplemente J. D. Salinguer este completamente loco, quien sabe...

santiago dijo...

también he leído a Salinger.
Un saludo y acertado post

Matías dijo...

Recuerdo haber leido por ahi que Salinger advertia a una amiga suya sobre el peligro de publicar: ceder lo escrito, con todo lo que eso implica, a la desconsideracion de los criticos. Si mal no me acuerdo, renego de toda ideologia por considerarlas condicionantes del individuo. Individualista entonces, supongo que mal podia entregar de buena gana sus escritos, la sangre de un escritor, a terceros anonimos.
Imagino que, en el caso de Salinger, la publicacion se dio por imponderables ajenos a su voluntad. Quizas la astucia y el convencimiento de algun editor. O tal vez su talento resulto tan irresistible, tan contundente, tan natural como incontrolable que rompio todas las mordazas. Pareciera que, femenina al fin y con orgullo de diva, la gloria literaria busco no a cualquiera de sus tantos pretendientes sino a aquel que la rechazaba.


Creo haber visto la foto que refiere Lanata: es ensordecedora.

Tus palabras me traen algunos relampagos. La muerte creativa de Rulfo luego de "Pedro Paramo". El suicidio de Hemingway, consecuencia de saber que no podria volver a escribir...y ademas la forma, cargada de simbolismos: primero el caño en la boca, despues la cabeza desintegrada de un escopetazo.

O quizas, como bien decis, este loco... Hace unos dias leia unos poemas de Artaud, y no podia dejar de pensar en esa simbiosis genio-locura que cada tanto se da con tanta fuerza..

Comparto tus puntos de vista.
Gracias por tu comentario; no sabia lo de cranberries. Mi cultura musical es un bochorno jeje

saludos!!

Matías dijo...

Gracias santiago.
Un abrazo

Anónimo dijo...

hunter thompson, otro kpo. se viene "the ruhm diaries" con jhonny deep.
"fear and loathing in vegas" un clasico de cine drogón.
tambien se volo la cabeza de un escopetazo.

Matías dijo...

parece q son varios los escritores q se han suicidado de esa forma..Tiene una violencia poetica, algo asi como una belleza oscura, japonesa. Simbolicamente, para mi tiene paralelo con el seppukku de los samurai