domingo, 2 de mayo de 2010

La tierra plana






Tan cerca del viaje y consiguiente momento rionegrino en la Feria de Buenos Aires (recordamos: sábado 8 de mayo, 17:30 hs., en la sala Alfonsina Storni), hago propicio a otro escritor regional, pampeano de nacimiento pero neuquino por querencia. Horacio Beascochea, de él se trata, escribió sobre aquel primer choque entre acá y allá... aunque "choque" tal vez se quede corto, apenas un momento entreverado entre el embiste, la penetración, el arrollamiento. "Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva", clamó, relamiéndose en su nuevo despacho de Ministro de Guerra, el general Roca, y agregó, seguramente levantando la voz y con un relumbre extraño en los ojos: "Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina".

Enfrente y lejos, entre sus médanos, el legendario cacique Pincén dirá por mano del novelista, quizás con la cosquilla fría de un mal presagio viboreando en la piel curtida: "Roca miente, se le nota en el cuero". Sin saber que un día una localidad llevaría orgullosa ese apellido que tan bien definía a su detentador, sabiendo que se venían, antiguo domador de pumas y ladino (es decir, hablaba también la lengua de los huincas), indomable hasta para el mismísimo Calfucurá, Pincén pronto iba a exigir lo máximo al regimiento del entonces coronel Villegas, durante todo el tiempo que pudo resistir a "los últimos inventos modernos de la guerra".

Admirado, un poco entristecido, casi un arrullo bajo la luna cruda de la pampa, así es como rememora el trovador del desierto:

"En la tierra del llano las voces se confunden con el viento y los espíritus ocultos agitan ramas y espantan silencios. A veces traen lamentos de viejos guerreros, sus gritos de guerra, sus cantos de amores perdidos, sus batallas antiguas, encanecidas como las cenizas de este fuego.

En la tierra del llano el sol corre tan despacio que se aburre. Una brisa impredecible recorre los campos, agita los pastos y refresca en las noches de verano. Los animales se habitúan a la quietud, al galopar de las caballadas, a los gritos de los hombres y a la furia de la guerra y el miedo.

En la tierra del llano el horizonte es gris, sangre, verde y divide la llanura del cielo; los hombres son derrotados por la tierra sin fin y enloquecen con los embrujos de Gualichu y sus sueños.

En la tierra del llano vivimos los indios. Primero solos. Ahora con los huincas. Y la tierra buena no alcanza para los dos, por eso quieren corrernos. De antes nos reunimos alrededor del fuego y recordamos nuestro pasado. Las voces hablan de nuestros guerreros, de sus hazañas, sus costumbres viejas y de la guerra, de soles agitados y soles tranquilos pisoteados por la guerra.

En la tierra del llano -aquí- nació el hijo del desierto, el hombre jamás vencido, el de los ojos negros, los que bajan la vista de cualquiera. Su habilidad con la lengua lo hace ser el dueño de la palabra, el dueño del decir. Y un día se convirtió en nuestro cacique. Plantó a Piedra Azul y se quedó en Malal."

"Es nuestra casa, nuestro gran toldo, lo que nos queda."


(fragmento de La tierra plana, de Horacio Beascochea)

2 comentarios:

Horacio dijo...

Gracias por esta entrada. Todo el éxito en la Feria del Libro, te lo merecés.

Un abrazo

Matías dijo...

de nada amigo! era más que merecida.

un abrazo y gracias!