domingo, 2 de agosto de 2009

Puertas cerradas, ventanas abiertas


Un mezcladito. Primero lo concreto e inmediato: para fines de mes o principios del próximo estamos armando un evento poético-musical, Círculo de Escritores del Comahue y músicos invitados. Por el lado de la radio Galas, hubo un cambio de planes y ahora estaré la próxima semana, del 10 al 14 de agosto, Dios mediante.

En lo que respecta a las divagaciones... Hace un tiempo que suelo pensar en la mutación de las valoraciones artísticas. No me refiero a evolución: no es avance, creo; apenas se trata de un cambio, no sé si para bien o para mal.

En otros tiempos, la vara pasaba por el talento en su estado químico más puro. Para cantar, para pintar, para escribir, todo requería virtuosismo. Los músicos y cantantes de entonces generalmente sobresalían por la magia de sus voces o de sus dedos sobre teclas y cuerdas. Los pintores, por retratos que se pueden confundir con una foto. Los escritores, por esa maestría forjadora de las obras inmortales que se leerán hasta el fin de los tiempos.
Hoy día los criterios son otros. Sigue habiendo talentosos, claro, aunque en una peligrosa convivencia con aventureros, mercenarios, pompas de jabón, alucinados, temerarios y otras subespecies. Campea como verdad aquel título de disco:"Cualquiera puede cantar". El arte abstracto y algunas otras deformaciones han llevado a que, por ejemplo, se vea en un museo de indiscutido primer nivel un lienzo blanco... con dos círculos negros...sí, es tal cual y no me lo contaron, será por eso que pasaron diez años y aún me dura la estupefacción. Por el lado de la literatura...bien, gracias. Que hoy los editores sean empresarios debe tener alguna relación con fiascos y bodrios varios, eso sí, impecablemente publicitados.

¿Será bueno? ¿será malo? Me late que tiene más de lo segundo, desde que el arte ahora sirve a otros amos, tan distintos de sus naturales. También es cierto que no somos meras víctimas, sino que nuestro papel complementario de consumidores también inclina balanzas.

Es lo que nos toca. Dicho lo cual, es hora de pasar a lo bueno. Otro escritor, que por poco desconocía merced a mi conmovedora ignorancia, pero cuyo apodo siempre se pronuncia con respeto: Saki. Hector Hugh Munro, de él se trata. Birmano de nacimiento, inglés por imperialismo, apodado así por cierto y extraño mono que surge de un libro suyo. Murió joven y peleando en la Primera Guerra Mundial, aunque le alcanzó para inmortalizarse como un maestro de la narrativa.

Casualmente (causalmente), descubrí un cuento suyo por estos días, cuando merodea muy próximo otro aniversario de Saint-Exupery, Piloto de guerra como el título de uno de sus libros, desaparecido en acción en 1944, cuando cayó al mar tras ser derribado por un esbirro de la Luftwaffe.

El cuento al que me refería es éste. Espero sea de tu agrado.

2 comentarios:

FER! dijo...

Hola Mati. Sabés que yo también he estado reflexionando sobre los criterios de valoración del arte y los artistas. Hay algo que me parece que es muy notorio, y es la vulgarización de absolutamente TODAS las disciplinas: ciencias, Artes, Religiones, etc. Por otro lado, hay algo que me parece bueno, dentro de ese cambio de criterios, y es el hecho de que se han corrido algunos acentos hacia lugares que antes no se los tenía en cuenta, pero que sin embargo forman parte de las obras de artes. Como sucede siempre... aparecen extremistas, y eso hace se empobrezcan las cualidades. Pero el hecho de que no hace falta tener una voz OLIMPICA para cantar me parece bueno. Hay artistas que transmiten otras cosas, además de notas musicales acomodadas en sucesión... y tienen voces tan humanas como la mía o la de mi vecino. Que se yo, es para discutirlo.
Te dejo un abrazo.

FER!

Matías dijo...

hola Fer.

Sí, mientras lo hilvanaba se me ocurría que lo ideal es el equilibrio (al igual que en tantas otras cosas). Desde luego que está buena la amplitud de posibilidades, ayuda y mucho al surgimiento y estelarización de muchos diamantes escondidos que de no ser por eso, seguirían ocultos y anónimos.

Pero por el otro...Lo que creo objetable es la demasiada apertura de posibilidades...o mejor aún: la discrecionalidad de las mismas, de acuerdo a criterios extra-artísticos en la mayoría de los casos. Como dijo Capote.."hay una diferencia entre escribir mal y escribir bien, entre escribir bien y escribir muy bien, y entre escribir muy bien y el verdadero arte". Y hoy se ven posibilidades otorgadas a gente que escribe mal (pero a lo mejor viables "marketineramente" hablando), mientras otros que escriben bien, muy bien o incluso están generando verdadero arte, la ven desde afuera y con "la ñata contra el vidrio".

Supongo que igual sigue habiendo tela para cortar jeje

Un abrazo