miércoles, 9 de julio de 2008

Víctima del hoy


Por estos días pensaba colgar un cuento de cierto autor argentino, pero en el interín apareció otra cosa. Por eso me tomo el atrevimiento de reproducir un artículo que salió en el diario Crítica (http://www.criticadigital.com/) en su edición del 17 de Junio, con la firma de Gustavo Strejer. Dice así:

El punto y coma está en vías de extinción. Cada día es más difícil encontrarlo en libros y diarios debido a que casi nadie está completamente seguro de cómo se usa, sumado a la rapidez que impera en los textos por las nuevas tecnologías y a la influencia del inglés en nuestro idioma.

Algunos patriotas del lenguaje sostienen que se utiliza menos porque se impuso el estilo de escritura americano de Ernest Hemingway, quien dispuso la dictadura de las frases cortas y la abundancia de puntos. Otros, más ortodoxos, agregarán que autores de culto como el francés Marcel Proust, el austríaco Thomas Bernhard o el argentino Juan José Saer serían difíciles de leer sin la existencia del punto y coma.

Lo cierto es que la cultura del zapping y la velocidad de la sociedad invaden hasta el lenguaje y pareciera que sólo queda lugar para oraciones cortas que permitan saltar de una a otra, sin demasiado esfuerzo, para evitar que el lector deba profundizar en los razonamientos.

Distintos lingüistas coinciden en que la puntuación podría funcionar como una radiografía de la sociedad: a una comunidad superficial, le corresponde una puntuación sin demasiado lugar a la meditación; una sociedad de valores efímeros tendrá signos que no requieran tiempo de análisis, y un país que exalta lo fragmentario tendrá oraciones desconectadas las unas de las otras.

Para oponerse a la aniquilación, sus adeptos se pusieron firmes y lanzaron campañas en todo el mundo, y Crítica de la Argentina propuso el debate a lingüistas y escritores locales, quienes lo reivindicaron como "antimail" y "signo de la intuición", capaz de aportar "música" y "ritmo" a los textos.

"El punto y coma implica una reflexión sobre la relación que establecés entre los miembros que están puestos en la misma oración. Poner un punto y coma es decir `estoy poniendo algo que guarda una relación estrecha con lo dicho anteriormente, pero es otra idea'. Esa reflexión es antimail", señala María Marta García Negroni, investigadora del Conicet, titular de la cátedra de Corrección de Estilo de la UBA y ganadora del Premio Konex en Teoría Lingüística y Literaria.

Uno de sus enemigos más amenazantes es el uso vertiginoso que las nuevas tecnologías hacen del lenguaje. La comunicación veloz que proponen internet y el MSN generó una realidad en la que releer un texto se convirtió en un valor negativo. De esta manera, no hay tiempo para interpretar las segundas intenciones de lo que el otro dice.

Al sumarse al debate, la lingüista y coautora del libro El arte de escribir bien en español, Laura Pérgola, afirma que la tecnología determinó un uso muy escaso del lenguaje donde "se trata de economizar cuando no tenemos un idioma económico".

En el celular, habría que apretar el botón que hace desfilar los signos unas diez veces para llegar al punto y coma, y su utilización en el chat ya tomó acepciones distintas de las reglamentarias.

Sin embargo, la desaparición del punto y coma no es un fenómeno local, sino que ya se evalúa como tendencia mundial. En Francia tomaron muy en serio la guerra por su supervivencia, y un grupo de destacados intelectuales lanzó una cruzada para defender a su idioma del "enemigo que habla inglés". "Para mí, este signo es el símbolo de una república que razona de forma correcta", disparó el experto Alain Rey, autor del Diccionario Robert, uno de los más importantes del francés.


LOS DEFENSORES OPINAN. En la Argentina, aún no existe ningún espacio institucional pensado para hacer frente a esta problemática, aunque distintos blogs comenzaron la lucha posteando textos donde reclaman por el punto y coma. Algunos intelectuales locales ya lo incluyeron como un tema destacado entre sus acaloradas discusiones académicas.

Marcelo Birmajer, uno de los más prolíficos escritores argentinos contemporáneos, es taxativo: "El punto y coma es mi signo de puntuación favorito. Es fundamental" , comienza y explica que "no es un punto sino una forma de negociación entre dos ideas". "El uso del punto y coma es intuitivo, y la intuición es la forma menos mala de acceso al conocimiento. Para mí es el signo de la intuición", precisa.

Otra de las activistas a favor del punto y coma es la escritora Claudia Piñeiro, autora de las novelas Tuya y Las viudas de los jueves. Para ella, usar este signo es como manejar: si se pasa de la cuarta a la segunda, el auto marcha igual, pero hay un ruido diferente y se nota. "Tiene que ver con un ritmo que si no lo usás no es incorrecto, pero te perdés un montón de sutilezas en ese tono que vas adquiriendo en el texto. A mí me da muchísima pena que se pierda", lamenta.

Por su parte, el periodista y escritor Luis Gregorich, compilador del libro Antología universal de la poesía y Cómo leer un libro, señala que la función del punto y coma es "dar una respiración a la escritura". "Está vinculado con la música del texto. Es un matiz. Unificar todo con la coma no es bueno, le quita ritmo a la prosa", agrega.

Al momento de repartir culpas, Gregorich dice que la baja en el uso de este signo de puntuación se debe a una especie de exaltación de lo fragmentario y de lo breve en la sociedad.


LAS RAZONES DE LA DEFENSA. ¿Por qué es importante mantenerlo vivo? Según García Negroni, "existen diferencias sutiles entre signos de puntuación que no hay que perder, porque permiten construir sentido, forman parte de la comunicación y la interpretació n mutua; no son irrelevantes" .

Como antídoto a este síntoma de incomunicació n, algunos escritores sostienen que mientras más signos de puntuación existan, mejor. Jorge Luis Borges decía que era una pena que no hubiera signos para cuestiones como la indecisión.
El lingüista francés Jules Marouzeau sostuvo que los signos tipográficos subrayan las intenciones del autor y defendía la tesis de que la puntuación es no sólo la guía de lo que se dice, sino un modo de expresión en sí misma. Algunos autores intentaron, incluso, emplear una "semicoma" o una "coma interrogativa" , e inventaron nuevos signos como el "punto o signo de ironía".


PARA QUÉ SIRVE. Sin embargo, un problema que no augura un buen futuro para el punto y coma es la mala enseñanza que dan en los colegios primarios y secundarios sobre su uso. Hay docentes que no saben cuál es su función, los chicos se acostumbran a no usarlo y se vuelve difícil aprenderlo luego.

La preocupación por este problema comunicacional fue tomada en serio por el mundillo intelectual donde piensan dar una batalla sin puntos suspensivos contra los atajos del idioma que van achicando el campo de posibilidades a la hora de hablar, y dejan a las personas cercadas, con menos opciones, y al punto y coma, en vías de extinción.


Los diarios como campo de lucha.

Un relevamiento realizado por diarios nacionales, tomando la sección Política del pasado día jueves, arroja el siguiente resultado:

Clarín: utilizó seis puntos y comas.

Crítica de la Argentina: se contabilizaron siete puntos y comas.

La Nación: récord de veintitrés puntos y comas, utilizados en la mayoría de las bajadas y para separar enumeraciones complejas.


La batalla perdida entre los periodistas

Si el uso del punto y coma viene en baja entre los escritores contemporáneos, en los diarios es casi nulo. Es que este signo tiene mala prensa entre los periodistas, que prefieren evitarlo para reemplazarlo por el punto y seguido. Algunas opiniones de los profesionales.

Juan José Panno, rector de la escuela de periodismo TEA: "En los medios se tiende naturalmente a utilizar frases cortas para evitar distraer al lector. No hay nada más molesto que un punto y coma mal usado, por lo que recomiendo evitarlo, salvo en el caso de que sea necesario".

Luis Gregorich, periodista, ex director del Suplemento Cultural del diario La Opinión: "No estoy convencido de que la gente quiera sólo frases cortas. Yo uso frases largas y vinculadas entre sí, bastantes comas y algunos puntos y comas. Requiere un buen aprendizaje saber cómo y dónde usarlos".

Irene Hartmann, licenciada en Letras y correctora de la revista G7: "El punto y coma no es un tema de vida o muerte para el periodismo en notas informativas. Hay géneros más blandos dentro del periodismo donde el punto y coma puede enriquecer la escritura, como ocurre en las notas de color y en las revistas, pero es un signo olvidado y muy poco presente en el mercado de diarios".

Renata Rocco Cuzzi, titular de la cátedra Taller de Comunicación Periodística en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA: "Creo que yo debería sumarme a esta cruzada para salvar al punto y coma. No soy de utilizarlo ni tampoco tengo una normativa específica para su uso en el ámbito del periodismo. Es verdad que es un signo que enriquece la escritura, pero en lo que respecta a la escritura en mi materia, no es prioridad el hecho de que los alumnos no lo usen".

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