jueves, 22 de noviembre de 2012

La lección al maestro


(foto: Jean Francois)

Philip Roth dijo basta. Lo dijo hace un mes; explotó ahora. No escribe más. Tajante, irreversible:"Decidí que estaba terminado con la ficción. Ya no la quiero leer, no la quiero escribir y ni siquiera quiero hablar de ella".  Bien podría ser su epitafio. 
Desde que cundió la novedad el hombre ha deambulado como una momia cinematográfica por las tapas y las páginas centrales de diarios y suplementos. Tanto ruido obedece a que la crítica lo coronó como uno de los cuatro escritores vivos más grandes de la literatura norteamericana (con DeLillo, Pynchon y McCarthy). Ganó el Pulitzer y el National Book Award y el Man Booker y el PEN/Faulkner y todos los premios habidos y por haber... excepto el Nobel.
Ahora, en esas entrevistas el hombre reniega, abjura, retuerce en vano sus venas resecas, vomita su hastío. En las fotos, la circunspección inapelable, una mueca de abuelo resentido con su juventud. Con semejante derrumbe, en las legiones que picamos piedra en el llano bien pueden haber daños colaterales. Como mínimo, un temblor en los pies. A lo mejor, algunos instantes -o minutos, o semanas, o siglos- de niño al que su padre le pega un sopapo en la cara y, con los deditos temblorosos sobre el ardor y las marcas, descubre que la vida (la literatura) es amarga y dura.
Semanas antes de vocear su defección, el hombre comía en un local de Nueva York. Uno de los mozos, un tal Julian Tepper, de 33 años y admirador de larga data, se le acercó a la mesa y le entregó un libro: "Señor, escuché que no lee más ficción, pero me han publicado mi primera novela y quisiera darle una copia".
Una escena común. De una u otra manera, creo que todos o casi todos hemos participado de la misma o alguna de sus infinitas analogías. La cuestión es que el hombre empezó con un elogio al título de la obra: Balls (Bolas, o Pelotas). Conviene decir que es la historia de un compositor a quien le diagnostican un cáncer testicular. Seguramente el mozo novelista no esperaba ese arranque, o puede que -inflamado de inconsciencia y demasiada autoconfianza- lo aguardara secretamente y no se sorprendiera con el halago del mito viviente ahí sentado.
Pero de lo que sí estoy seguro es que Tepper no esperaba la perorata con la que enseguida arremetió el maestro. ¿El tema? el oficio de escritor: "Realmente, es un campo horrible. Tortura. Horrible. Escribís y escribís, y tenés que tirar casi todo porque no es bueno. Te diría que simplemente abandones ahora. No querés hacerte esto a vos mismo. Ese es mi consejo"  

Así le dijo. Imaginable la conmoción del principiante. Pero afirmó los talones, y la respuesta, su imaginable calma y firmeza en cada sílaba, fue como levantarle la mano al padre: "Demasiado tarde, señor. Ya estoy adentro".

5 comentarios:

luís rodrigues coelho Coelho dijo...

Bom dia Matias
Estou muito feliz com a tua visita.

A doença procura-nos a todos. Mais tarde ou mais cedo ela bate-nos à porta, arrasta-nos e amarra-nos a uma cama.
Momentos de dor, de angústia e solidão.

O escritor poderá escrever esses momentos consoante o seu estado interior ou a sua capacidade de dar a volta deixando o desgosto para depois...vivendo cada hora como a sua própria força e recompensa.

Um abraço deste canto à beira do Atlântico no aconchego dos pinheiros que nos trazem o sabor da maresia e o som das ondas que sempre se voltam ao início.

Zavala dijo...

Tal vez se cansó ya el viejo Roth de esperar el Nobel tantos años. Quizá publicara cada año de estos últimos años solo para seguir siendo candidato, no por el gusto de escribir. Igual simplemente ya no tiene más que contar porque ha sido muy prolífico. O está cansado, se rumorea que enfermo. Creo que hay respetar su decisión sin más, igual que la que le impulsó a escribir hace tantos años, y apreciar su trabajo. Lo demás es literatura...
Su ejemplo es la obra literaria que deja.

Un abrazo Matías.

fus dijo...

Cada uno debe vivir su propia experiencia en la literatuta.
Me ha gustado mucho tu publicaciòn.

un abrazo

fus

Luna dijo...

No sabía de Philip Roth y busqué...(Glup)

Y bueh, será que se cansó de luchar. Ustedes los escritores son seres especiales.

Saludos, Matías.

silvia zappia dijo...

me parece bien que un escritor sepa cuando poner punto final a su escritura, para no "derrapar" feamente. lo que no sabía era de la amargura y del enojo de roth. y bueno, le agradezco haber "estado adentro".

abrazo, matías*

(estoy leyendo la poética de bolaño, y me encanta...deberé releer "estrella distante", que tengo en casa hace años y que no me había gustado...
y qué tal carver?)