domingo, 22 de abril de 2012

Amor locura y muerte







De entre sus Siete Locos, probablemente el predilecto de Arlt haya sido el Astrólogo. Feroz estratega de suburbio, de rasgos mongoles y consabido guardapolvo gris abotonado hasta el cuello  -quizás para sepultar la crueldad de su secreta mutilación-, pergeñó desde las sombras de su quinta ruinosa el desastre y la devastación del mundo. Habló de gases venenosos y debieron brillarle los ojos al imaginar los manotazos agónicos entre las nubes verdosas; pensó en voz alta el exterminio a mansalva por medio de bacilos imparables, y una sonrisa siniestra tuvo que torcerle la boca. Alrededor, atentos, preguntando, entusiasmándose, los otros locos. Y él, aplomado, sereno, lanzado, sin saberlo (o tal vez con plena consciencia) rozó profecías de catástrofes futuras, impensables allá por 1930. Y entonces dijo:



"¿Así que le interesa de dónde sacaremos los millones? Es fácil. Organizaremos prostíbulos. El Rufián Melancólico será el Gran Patriarca Prostibulario... todos los miembros de la logia tendrán interés en las empresas... Explotaremos la usura... la mujer, el niño, el obrero, los campos y los locos. En la montaña... será en el Campo Chileno... colocaremos lavaderos de oro, la extracción de metales se efectuará por electricidad. Erdosain ya calculó una turbina de 500 caballos. Prepararemos el ácido nítrico reduciendo el nitrógeno de la atmósfera con el procedimiento del arco voltaico en torbellino y tendremos hierro, cobre y aluminio mediante las fuerzas hidroeléctricas. ¿Se da cuenta? Llevaremos engañados a los obreros, y a los que no quieran trabajar en las minas los mataremos a latigazos. ¿No sucede esto hoy en el Gran Chaco, en los yerbales y en las explotaciones de caucho, café y estaño? Cercaremos nuestras posesiones de cables electrizados y compraremos con una pera de agua a todos los polizontes y comisarios del Sur. El caso es empezar. Ya ha llegado el Buscador de Oro. Encontró placeres en el campo chileno, vagando con una prostituta llamada la Máscara. Hay que empezar. Para la comedia del dios elegiremos un adolescente... Mejor será criar un niño de excepcional belleza, y se le educará para hacer el papel de dios. Hablaremos... se hablará de él por todas partes, pero con misterio, y la imaginación de la gente multiplicará su prestigio. ¿Se imagina usted lo que dirán los papanatas de Buenos Aires cuando se propague la murmuración de que allá en las montañas del Chubut, en un templo inaccesible de oro y de mármol, habita un dios adolescente... un fantástico efebo que hace milagros?
    ­ ¡Sabe que sus disparates son interesantes!
    ­ ¿Disparates? ¿No se creyó en la existencia del plesiosaurio que descubrió un inglés borracho, el único habitante del Neuquén a quien la policía no deja usar revólver por su espantosa puntería?... ¿No creyó la gente de Buenos Aires en los poderes sobrenaturales de un charlatán brasileño que se comprometía curar milagrosamente la parálisis de Orfilia Rico? Aquél sí que era un espectáculo grotesco y sin pizca de imaginación. E innumerables badulaques lloraban a moco tendido cuando el embrollón enarboló el brazo de la enferma, que todavía está tullido, lo cual prueba que los hombres de ésta y de todas las generaciones tienen absoluta necesidad de creer en algo. Con la ayuda de algún periódico, créame, haremos milagros. Hay varios diarios que rabian por venderse o explotar un asunto sensacional. Y nosotros les daremos a todos los sedientos de maravillas un dios magnífico, adornado de relatos que podemos copiar de la Biblia... Una idea se me ocurre: anunciaremos que el mocito es el Mesías pronosticado por los judíos... Hay que pensarlo... Sacaremos fotografías del dios de la selva... Podemos imprimir una cinta cinematográfica con el templo de cartón en el fondo del bosque, el dios conversando con el espíritu de la Tierra.
    ­ Pero usted, ¿es un cínico o un loco?
    Erdosain lo miró malhumorado a Barsut. ¿Era posible que fuera tan imbécil e insensible a la belleza que adornaba los proyectos del Astrólogo? Y pensó: "Esta mala bestia le envidia su magnífica locura al otro. Ésa es la verdad. No quedará otro remedio que matarlo."
    ­ Las dos cosas, y elegiremos un término medio entre Krishnamurti y Rodolfo Valentino, pero más místico; una criatura que tenga un rostro extraño simbolizando el sufrimiento del mundo. ¿Se imagina usted la impresión que causará al populacho el espectáculo del dios pálido resucitando a un muerto, el de los lavaderos de oro con un arcángel como Gabriel custodiando las barcas de metal y prostitutas deliciosamente ataviadas dispuestas a ser las esposas del primer desdichado que llegue? Van a sobrar solicitudes para ir a explotar la ciudad del Rey del Mundo y a gozar de los placeres del amor libre... De entre esa ralea elegiremos los más incultos... y allá abajo les doblaremos bien el espinazo a palos, haciéndolos trabajar veinte horas en los lavaderos."



(fragmento de Los Siete Locos, de Roberto Arlt)






4 comentarios:

No.me.pises.que.llevo.chanclas. dijo...

tomo nota del libro! :)

Si solamente fueran siete locos...

besazos

Matías dijo...

Totalmente recomendable! Y claro, enseguida hay que leer Los Lanzallamas, del mismo autor, desesperada y genial secuela de Los Siete Locos.

Gracias por pasar

Saludos!

Elzinha dijo...

Olá Matías,
Sempre é muito agradável passear por teu espaço.
Um grande beijo

Matías dijo...

gracias elzinha! lo mismo digo de tu página que, aunque no entienda mucho el portugués, igual depara gratas sorpresas.

besos