lunes, 18 de julio de 2011

Tardes



Tardes varias: crepitantes algunas, todas promesa y espuma; carcelarias otras, ennegrecidas por la lluvia que amenaza; también ronroneantes, morosas, tibias. En el interín, un teléfono que desespera en alguna habitación; una seña desde la otra vereda; un banco de plaza, a medias vacante; la insistencia embriagadora de ciertos ojos; el oleaje, su ruido y su furia, esa huida mansa, resbalando, lamiendo los tobillos: Algo, siempre llamando.

Y de repente la espera que brota, dulce y caliente, en una mano, una boca, un susurro:

Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: "Ven".
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.

En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. "Esto era aquello".
Con esmero el olvido ha principiado
su menuda
tarea...



Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos y hay
una amorosa voz
que nos dice: "Despierta.
Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos.



(Enemigo íntimo, de Antonio Gala)

  

10 comentarios:

Andri Alba dijo...

Me encantó. Fue aquello que me llenó mucho. Ese Antonio, no lo había leído nunca. Mil gracias por compartirlo.

Las manos, la voz y el vivimos....
Divinos!!!

Un abrazo.

Luna dijo...

Tardes. Tal vez de espera o de
esa tibia humedad que te roza el alma en algún banco que ocupa la vida. Entonces sucede, su voz en tu boca.

El texto es precioso, imaginé una pequeña historia.

Y la poesía, como para esta tarde de invierno.

Saludos muchos, Matías.

Carla dijo...

Tardes que llegan desde la calidez de tus palabras.

Andri Alba dijo...

Muy buena música. Me encanta José Luis Perales.

Maravilloso.

Rayuela dijo...

antonio gala! tanto tiempo sin leer nada de él.

gracias.

beso*

xixe dijo...

Encontré este blog a través de Adriana menendez y lo encontré muy intresante. Quisiera seguir visitándolo. Saludos.

Matías dijo...

Andri: Gracias por tus palabras! Una gema es la poesía de Antonio. Besos!!

Luna: Siempre esa luz blanca, nocturna, envuelve a tus palabras. Gracias!! besos

Carla: Gracias!!! besote

Rayuela: Siempre presente, gracias por todo. Beso!

xixe: siempre serás bienvenido en mi Jardín. Gracias. Un abrazo

Andri Alba dijo...

Gracias mi querido Matías por pasar de nuevo por mi casita. Me alegró leerte por allí.

Un abrazo fuerte!!!

Rosa.E dijo...

Que hermosa poesía compartes "Tardes", me ha encantado eso de "Despierta, estoy aqui, levantate". Y vivimos

Y Si no es inoportuno me quedaré deleitandome con tu precioso blog
Un saludo

Matías dijo...

Nunca es inoportuno, Rosa. Siempre bienvenida en mi Jardín.
Gracias!!

beso