martes, 14 de abril de 2009

En la creciente radiosa


Tiempos de cambio, tan prometedores como demandantes. Había pensado en traer algo un poco elaborado, en parar por un rato con el facilismo tramposo de colgar textos ajenos. Lo quería y lo quiero, que no te queden dudas. Pero (acá viene la excusa) este nuevo trajín me está desgajando. Durante gran parte del día falta tiempo y sobre todo energía, la mente que arrastra los pies. A duras penas hago tiempo para escribir, y la calidad de lo que sale me genera bastante duda. Admito que parece una queja pero desde luego que no lo es. Quería este cambio, lo anhelé durante mucho tiempo, también lo necesitaba. Y confío plenamente en la capacidad de adaptación.

Bueno, la antedicha perorata no es otra cosa que el prólogo para...sí, ¡más escritos ajenos! Esta vez de la inigualable Marguerite Yourcenar. Narradora impactante, como poeta no se quedó atras. Un par de botones de muestra:


CANTINELA PARA UN FLAUTISTA CIEGO

Flauta en la noche solitaria
Presencia de una lágrima;
Todos los silencios de la tierra
Son pétalos de tu flor.

Sopla en la sombra tu polen,
Alma llorando, casi sin ruido,
Miel de una boca profunda
Que al besar la noche fluye.

Y si tus lentas cadencias
Son el pulso de las tardes de verano
Convéncenos que el cielo baila
Porque un ciego cantó.


FUEGOS

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.



Y para el final, esta gema sublime. ¿Qué adjetivo se le puede poner a semejante talento?

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.

2 comentarios:

FER! dijo...

matiiii...

Muy Buena selección...

... en cuento al prólogo, las excusas son totalmente válidas y legítimas... suele suceder eso muy a menudo...

Te dejo saludos.

FER!

Matías dijo...

Yourcenar es lo mas.

Y en cuanto al prologo...jejeje, viste que dificil que es compaginar la nube de la escritura con la cuadratura del "mundo real"..

saludos amigo