sábado, 12 de junio de 2010

Magia



"En ese antiguo bosque había más claros que caminos: había también prados redondos protegidos por altos robles; lagos de helechos inmóviles sobre los que planeaban ramajes frágiles y frescos como dedos de mujer; familias de árboles graves como pilastras, que se reunían para murmurar durante siglos las deliberaciones de sus hojas; estrechas ventanas de ramas que se abrían sobre un océano de verdor donde temblaban largas sombras perfumadas y los círculos de oro blanco del sol; islas encantadas de brezales rosas y ríos de aulagas; enrejados de resplandores y de tinieblas, grandes espacios naturales en donde surgían, todos temblorosos, los jóvenes pinos y los robles pueriles; camas de agujas rojizas en las que las horcaduras musgosas de los viejos árboles parecían hundirse a media pierna, nidos de ardillas y guaridas de víboras; mil estremecimientos de insectos y trinos de pájaros. Cuando hacía calor, zumbaba como un gigantesco hormiguero; y retenía, después de la lluvia, una lluvia propia, lenta, sombría, pertinaz, que caía de sus cimas y ahogaba sus hojas muertas. Tenía su respiración y su sueño; a veces roncaba, a veces callaba, mudo, sorprendido, vigilante, sin un roce de serpiente, sin un trino de curruca. ¿Qué esperaba? Nadie lo sabía. Tenía su voluntad y sus gustos: lanzaba rectas y veloces líneas de abedules, que caían como flechas; luego le daba miedo, y se detenía en un rincón, estremecido, bajo un bosquecillo de álamos temblones. También llegaba a poner un pie en el lindero, casi en la llanura, pero de inmediato retrocedía, y volvía al frío horror de sus más altos y profundos oquedales, a su centro nocturno. Toleraba la vida de los animales, y no parecía tomarla en cuenta; pero sus troncos inflexibles, resistentes, como relámpagos solidificados que brotaban de la tierra, eran hostiles a los hombres."


(fragmento de La estrella de madera, de Marcel Schwob)

martes, 8 de junio de 2010

Yo y el cielo



Hace quince o veinte días pronostiqué dos semanas. Me pasé apenas, pero qué más da. A partir de hoy, Yo el pájaro y el cielo está a la venta en Cipolletti. ¿Dónde? En la librería Manuscritos (Villegas 120 local 3). Será la única boca comercial de expendio, salvo que el Fondo Editorial Rionegrino concrete con otro negocio y entonces serían dos.

En cuanto al resto de la provincia, tengo entendido que la distribución del libro estaría comenzando, o a punto de. ¿Dónde? Excelente pregunta: del listado de librerías, aún ni noticias.

Ahora siento el renacer de algo dormido. Es la expectación de ver cómo un libro propio empieza a caminar, el dulce y feliz presagio de que tal vez mil aventuras lo esperan allá adelante.
Y ya que hablamos del libro y de presagios, te cuento que en el corto plazo probablemente haya una noticia muy, muy ruidosa...

lunes, 7 de junio de 2010

Del olvido y otros demonios



Schwob debe ser uno de los secretos mejor guardados de la literatura universal... bajo tristes candados de olvido. Aunque magistral y brillante, pierde en la comparación con otros que también murieron jóvenes y apagándose irreversiblemente (por caso Chejov; incluso Mansfield): por hache o por be ha sido confinado a una órbita remota del universo literario. Desde hace bastante las ediciones de sus libros son fósiles raros, deliciosas piezas de museo. Tal vez sea por eso que sus lectores no conformamos una legión rimbombante sino una cofradía de catacumba, "difusa" como bien dijo alguien. Toparse con otro acólito es como encontrar en la calle a un viejo conocido. Todos dimos con él por accidente, alguna casualidad que luego ya no puede olvidarse.

Leerlo es una experiencia que tiene visos místicos. Si hay una mezcla exacta de poesía y narrativa, creo con plena fe que esa es la de Schwob. Alguien cuyo nombre no recuerdo alabó esa forma única, tan suya de enlazar las palabras. Como si se frotaran. Sí, usó esa palabra: frotar.

En uno de esos libros que ya no se consiguen, Vidas imaginarias, reescribió personajes que ya en aquel tiempo bordeaban la leyenda, reviviéndolos en cierta forma, e inaugurando con ellos una mitología hecha de música y silencio. Proeza que luego repetiría, con mucho más ruido y resonancia, quien fue uno de sus principales admiradores: nuestro J. L. Borges.

Hoy, una de esas Vidas...: la de Lucrecio, Poeta.

miércoles, 2 de junio de 2010

Polvo de estrellas



"He perdido el hilo del relato. Me proponía escribir el pasaje en el que Laura y mi padre se acuestan por primera vez. Pongamos que dejé el hotel sin haber descifrado el final escrito en el capó, pero con un capítulo terminado. Ese en el que mi padre brinca en el cielo y vuelve a la tierra para regalarle a Laura una estrella. Ella termina por creer que ha encontrado a su hombre. En una carta, le dice a su hermana Yolanda:"No hay otro más gentil ni ingenioso, aunque es torpe y tímido a la hora de las galas y los entremeses". Imagino que ha querido referirse a la primera noche de cuerpos entrelazados, de homenajes postergados. Brutal en algunas caricias, tal vez mordisquero y hablador, mi padre la había deseado tanto que ya no tenía otra cosa que decirle que no fuera su felicidad: un revoleo de grupas humedecidas por el calor de la noche, algo frío que se vuelca sobre la cama, la tensión de una palabra inoportuna, el tiempo que vuela hasta el amanecer: mitad negro y mitad rojo. Cerca, alguien muere; atrás quedan, pequeñas, balbuceantes, las quimeras soñadas en playas nocturnas y la voz de Ángel Vargas que canta sin micrófono. Ella sabe cuán sola está, rendida en los brazos de un gran oso de pelaje blanco: nunca se hubiera fijado en sus pies planos, en la leve malformación de la cadera si él no se hubiera parado sobre una mesa del balcón a hacer la cuenta de astros silentes y meteoros a la deriva. No es un romántico a la violeta sino un filibustero exhuberante. Bajaba una estrella, la ponía en una bandeja y la rociaba con polvo de oro. Cuando la servía ya no era una estrella, aunque latía como un corazón recién arrancado."


(fragmento de La hora sin sombra, de Osvaldo Soriano)

jueves, 27 de mayo de 2010

Un viejo vicio



"Lo menos importante eran las fechas y los nombres propios, pero logré enseñarles el amor de algunos autores y de algunos libros. Y hay autores, bueno, de los cuales yo soy indigno, entonces no hablo de ellos. Es decir, lo que hace un profesor es buscar amigos para sus estudiantes. El hecho de que sean contemporáneos, de que hayan muerto hace siglos, de que pertenezcan a tal o cual región, eso es lo de menos. Lo importante es revelar belleza y sólo se puede revelar belleza que uno ha sentido". Así, textualmente, dijo alguna vez Borges a una revista mexicana, refiriéndose a sus "diez años felices" de cátedra en la UBA.

Este sitio, primero en su versión de Blogdrive y luego en este servidor, nació hace tres o cuatro años con el sino de constituir un anaquel para mis escritos. Empero, causal y mágicamente se fue corriendo con el tiempo hacia otro lado. Revelar belleza que uno ha sentido, dijo el maestro. Y así fue. De una u otra forma, esto consistió en compartir escritos; célebres o ignotos, obra de consagrados o de anónimos, pero de algo puedo dar fe: todas las palabras que pasaron como estaciones por este Jardín me dejaron una marca como de hierro candente.

Tal vez por aquello de los ciclos fue que ese hábito cayó en desuso. Hoy es la buena hora del rescate, con un cuarteto de reeditados: una perla de Dolina, embebida en esa melancolía de la que abjura pero es tan suya; otro, ese que a mi juicio es el mejor cuento del Viejo Vizcacha de nuestras letras, Dalmiro Sáenz; luego, otra faena simple y contundente del mejor Hemingway; y finalmente, una cajita musical elucubrada por ese orfebre mágico y salvaje que fue Onetti.

Para la próxima, el vicio como debe ser: novedoso.